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¡Se rinde Saltillo ante el tricolor! celebran aficionados victoria en la Alameda
Coahuila

¡Se rinde Saltillo ante el tricolor! celebran aficionados victoria en la Alameda

Una noche de fiesta, espuma y orgullo mexicano desata la locura de la ciudad tras la victoria de México.

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Autor: Superchannel
25 de junio de 2026 a las 09:58 · 325 Vistas · 2 min de lectura

Saltillo, Coahuila.- La victoria de México sobre República Chequia no sólo se celebró en la cancha. A cientos de kilómetros del estadio donde el Tricolor firmó su contundente triunfo por 3-0, Saltillo vivió una de esas noches que confirman que el futbol tiene la capacidad de transformar una ciudad entera en una sola celebración.

Desde mucho antes del silbatazo inicial, el ambiente ya se respiraba en distintos puntos de la capital coahuilense. En el FutFest, miles de aficionados comenzaron a reunirse desde temprana hora para asegurar un lugar frente a la pantalla gigante. Familias completas, grupos de amigos y aficionados ataviados con camisetas verdes, sombreros charros y banderas mexicanas fueron llenando el recinto con la esperanza de presenciar una nueva alegría mundialista.

Vivieron al máximo

Cada avance de la Selección Mexicana era seguido con tensión. Los gritos, las porras y los cánticos acompañaron cada jugada durante un partido que mantuvo a la afición al filo de sus asientos. Conforme avanzaron los minutos y México comenzó a imponer condiciones, la confianza fue creciendo entre los asistentes, que no dejaron de alentar ni un solo instante.

La emoción alcanzó su punto más alto con la llegada de los goles. El primero provocó una explosión de júbilo; el segundo encendió aún más los ánimos, y el tercero terminó por desatar una auténtica locura colectiva. Los abrazos entre desconocidos, los saltos, los aplausos y los gritos de celebración se multiplicaron por todo el FutFest, donde miles de voces se fundieron en una sola para celebrar el triunfo del equipo nacional.

Entre los aficionados también estuvieron presentes autoridades estatales y municipales, quienes convivieron con los asistentes y siguieron de cerca el encuentro. Sin embargo, por unos momentos los cargos quedaron de lado. Todos eran simplemente aficionados compartiendo la misma emoción y el mismo sueño de ver a México avanzar en la Copa del Mundo.

Hubo más fiesta

Pero la fiesta no terminó con el pitazo final. Apenas se confirmó la victoria mexicana, una marea humana comenzó a dirigirse hacia la Alameda Zaragoza, el tradicional punto de encuentro para las grandes celebraciones deportivas de la ciudad. Lo que comenzó con cientos de personas rápidamente se convirtió en miles.

La emblemática plaza se tiñó de verde, blanco y rojo. Las banderas ondeaban por todos lados mientras el “¡México, México!” resonaba entre los árboles centenarios de la Alameda. El orgullo nacional se hizo visible en cada rincón, desde los rostros pintados hasta las camisetas empapadas de espuma que volaba por el aire como una lluvia festiva.

Las familias fueron protagonistas de la celebración. Niños sobre los hombros de sus padres agitaban pequeñas banderas mientras intentaban imitar los cánticos de los adultos. Jóvenes envueltos en la bandera nacional se fotografiaban junto a amigos y desconocidos. Los adultos mayores observaban sonrientes el espectáculo, algunos recordando otras generaciones mundialistas y otros simplemente disfrutando de una noche que parecía no tener fin.

Hasta cantando

Pronto apareció el tradicional repertorio de cualquier celebración futbolera mexicana. El Cielito Lindo comenzó a escucharse entre grupos dispersos hasta convertirse en un coro masivo. Miles de personas entonaron el clásico “Ay, ay, ay, ay” que terminó por apoderarse del corazón de Saltillo.

La espuma se convirtió en uno de los símbolos de la noche. Decenas de latas vaciaron su contenido sobre los asistentes, generando nubes blancas que flotaban sobre la multitud. Entre risas y bromas, amigos se perseguían para rociarse, mientras otros aprovechaban para inmortalizar el momento con fotografías y videos que rápidamente inundaron las redes sociales.

Las calles cercanas tampoco escaparon a la celebración. Los cláxones comenzaron a sonar en distintos puntos de la ciudad y pronto se formaron largas caravanas de vehículos que recorrieron avenidas principales. Desde ventanas y quemacocos, aficionados agitaban banderas mexicanas mientras intercambiaban saludos con peatones y otros automovilistas.

Algunos conductores avanzaban lentamente para permitir que los festejos continuaran. Los vehículos eran rodeados por grupos de jóvenes que brincaban, cantaban y celebraban cada gol como si hubiera ocurrido apenas unos segundos antes. La alegría parecía renovarse constantemente.

Como marca la tradición en los festejos futboleros, tampoco faltó el famoso “hombre al aire”. Entre aplausos y risas, varios aficionados fueron elevados por los cielos de la Alameda sostenidos por decenas de manos. Cada lanzamiento arrancaba nuevos gritos de emoción entre quienes observaban la escena.

Un ambientazo

Por momentos, la Alameda Zaragoza pareció convertirse en una gigantesca plaza mundialista. La música salía de bocinas improvisadas, los cánticos surgían espontáneamente y el ambiente era el de una ciudad completamente entregada a la pasión.

Más allá del resultado deportivo, la celebración dejó una imagen poderosa: miles de personas reunidas bajo una misma bandera. Durante algunas horas desaparecieron las diferencias políticas, económicas y sociales. El futbol volvió a cumplir su papel de punto de encuentro para una comunidad que encontró en la victoria de México una razón para abrazarse, cantar y celebrar junta.

Cuando la noche comenzó a avanzar y las caravanas continuaban recorriendo la ciudad, la sensación era la misma entre los aficionados: el sueño mundialista seguía vivo. México había ganado en la cancha, pero en Saltillo también se había conseguido otra victoria, la de una ciudad que volvió a demostrar que cuando juega el Tricolor, el corazón de todo un país late al mismo ritmo.


 

Con información de: Salvador  Martínez y Paola Casas.


dmc

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